Resumen: Reflexión de Mónica Medina acerca la evolución de los SIG y por qué el uso de las ontologías se hace cada vez más necesario.
Como toda organización del conocimiento, los SIG se basan en un conjunto de consensos conceptuales. Relacionan fenómenos del mundo real con una representación simbólica. Estos fenómenos se caracterizan, relacionan entre sí y se subclasifican según otra serie de formas acordadas, no al azar, sino según una semántica espacial que exige conocer las características esenciales que envuelven a los datos espaciales.
Los SIG siempre han sido semántica, entonces, ¿Qué está cambiando ahora?
El acceso y uso de la información geográfica.
Hasta ahora la información geográfica se almacenaba en ordenadores de forma local y su acceso se realizaba a través de clientes pesados instalados en el propio ordenador y que requerían una capacitación técnica para su uso. Por lo que su disponibilidad y procesado era más inaccesible y privativo. Una información y herramientas sólo al alcance de los profesionales de la cartografía.
Hoy en día asistimos a un cambio de paradigma, los datos y herramientas ‘están en la nube’ son accesibles ad hoc, desde cualquier dispositivo conectado a Internet, ya sean ordenadores, tablets, móviles… esto unido al abaratamiento de la tecnología, supone un cambio cultural alentado, entre otros, por el marketing empresarial que adiestra a la población en el uso de estas tecnologías con fines promocionales.
Surge, por tanto, una nueva concepción de la cartografía: la neocartografía.
Ya Michael F. Goodchild en el 2007 acuñó este tipo de información como Información Geográfica Voluntaria (VGI) y se empeñó en valorarla como “la dramática innovación que con seguridad, tendrá profundos impactos en los Sistemas de Información Geográfica”.
Con la redes sociales y en general, la web 2.0, se da una necesidad de compartir información, el exceso de recursos en Internet hace necesaria la gestión del conocimiento. Y la representación cartográfica de éste y su fácil recuperación parece ser una de las soluciones para esta gestión.
Los profesionales del mundo de la cartografía ya se están planteando dar un giro a sus carreras profesionales dejando de un lado su labor como productores de información geográfica para ser coordinadores y gestores de este cambio y la información producida.
Los sistemas de información geográfica deben dar un paso más, les falta la unión semántica de los mapas y las bases de datos geográficas. La incorporación de cierta inteligencia artificial que dote a los mapas de nuevas funcionalidades como la recuperación selectiva de información, el análisis estadístico, la generalización automática de mapas o la interpretación automática de imágenes geoespaciales.
Esta semántica espacial con la que deberán implementarse los Sistemas de Información Geográfica estará basada, por supuesto en estándares y normas, que hagan a los datos y aplicaciones informáticas hablar en el mismo idioma, que los hagan interoperables entre sí.
Para ello, será necesario un esfuerzo por abstraer la esencia que envuelve cada fenómeno susceptible de ser representado cartográficamente, para extraer similitudes semánticas entre fenómenos geográficos y hacerlos comparables entre sí. Es decir, será necesaria la generación de ontologías que provean información de la calidad del dato, su productor, su distribuidor, su entorno geográfico de afección, su completitud, en resumidas cuentas los metadatos de los datos.
Los SIG inteligentes serán aquellos gobernados por ontologías y permitirán por ejemplo, la actualización automática de los datos y la recuperación selectiva y personalizada hasta el más mínimo detalle de los mismos según un entorno geográfico determinado.
Existen ya avances en el sentido de la interoperabilidad aunque aún falta por programar las aplicaciones SIG que hagan uso de las ontologías para utilizar con más funcionalidades todo este conocimiento geográfico que día a día se genera.

